Holanda Viernes, Sep 26 2008 

¿Qué es Noordwijkerhout? Léase “noordvaik-ker-jaut”. Es donde vive mi mente laboral desde la última semana del mes de Agosto. Son los campos de tulipanes holandeses. Sin embargo, he puesto deliberadamente este mapa de la zona del aeropuerto, y es porque Noordwijkerhout está ahora haciendo uso de su derecho al invierno y, por tanto, a la oscuridad y la gestación. ¿Hay que saber mirar ahora a Noordwijkerhout o, simplemente, no hay nada allí que se presente a la vista? La contestación puede ser que la imaginación sirve para ver lo que no está, pero… ¿acaso no se puede imaginar lo mismo en casa?

Bien, supongo que no, que no es lo mismo inventarse tulipanes que estar a un metro de miles de bulbos vivos que están tomando carrerilla para ser carteros de la primavera. Sin embargo, yo, a pesar de estar allí, sólo los miro desde detrás de los cristales del hotel, y he evitado presentirlos, por no echarlos más de menos. Hay que saber mirar, sí, pero de poco sirve desarrollar el músculo de la mirada si luego hay que atarlo porque estorba a obligaciones más perentorias.

Estoy allí y hablo en inglés, y no sé decir “perentorias” en inglés.

Para Una Amiga Viernes, Jul 25 2008 

Yo diría que hay que subir al Tor de noche y de madrugada y cuando se pone el sol. Quizá no a la hora del aperitivo, cuando temes que te encuentres en la cima un Carrefour. El Tor, que significa “colina” y que está en Glastonbury, al amparo de la New Age y del Patrimonio británico, es un emplazamiento perturbador, porque creo que uno se espera algo más y, sin embargo, el algo más, distinto de lo esperado, está allí, y no me refiero a las hábiles vacas que no se caen de donde uno cree que, de caerse, se partiría, si no la crisma, sí quizá un tobillo… bueno, un esguince. La subida reduce mucho su peligrosidad y también su encanto con la luz del sol.

Una vez en la cima, la torre destechada de San Miguel, tapón literal del Tor, para que no se escapen las almas del infierno, quizá el demonio mismo, le das vueltas, en número impar y sentido contrario al reloj, mientras pides que se te cumpla un deseo. Por el rabillo del ojo, puedes y debes ver Glastonbury en el mismo sitio donde debió estar desde los celtas, que tendemos a ver como la noche de los tiempos y no fue para tanto, pero, de cualquier manera, la torre y el pueblo son sobrecogedores.

A mi amiga, cuyo nombre no estoy segura de que ella quisiera ver aquí, le digo que se imagine un Tor digamos que en cualquier alto que le parezca alto a ella y una torre digamos que donde el Ayuntamiento haya puesto una farola en ese alto, y que le dé vueltas, 1 o 99 o 999, hasta dejar trenzado y bien atado su deseo. De no haber farola, a lo mejor es que tendría que reclamarla, porque un alto sin farola excuso decir que es como un jardín sin flores y una costa da morte sin faro, todo junto. Reclamemos la farola antes de darle vueltas, hagamos todo por sus pasos naturales. A lo mejor, por eso las vacas del Tor no tienen miedo, porque todos sus pasos son naturales. Y los míos debieron de serlo muy poco en mi primera subida, porque no dejé de fantasear con un despeñamiento mortal. No hay fotos de mi torpeza en aquella madrugada, pero sí de las vacas. Igual me animo y os las pongo, pero ya será otro día.

El Metro Jueves, Jul 10 2008 

¿Qué queréis que os diga? A mí, el Art Nouveau me gusta, como, a su modo, Versalles. De Versalles, me da repelús, como en una película de miedo, que vivieran allí sólo tres reyes y el último perdiera la cabeza. ¡Tanto derroche para tan poco tiempo! A la vista del Art Nouveau, se apodera de mí el mismo repelús, como de decir: “¿pero es que no lo veían venir o precisamente por verlo?”. A un paso de la mayor guerra conocida y todos haciendo volutas y flores y alegorías de las estaciones, de primavera a invierno, quería decir, pero bien está que salga en la foto esta combinación de modernismo y metro, del Art Nouveau y las estaciones, pero esta vez de transporte público. ¿Os imagináis el metro de París en 1900?

Las Torres de Notre-Dame de Paris Miércoles, Jul 2 2008 

LaGárgolaYMontParnasseBueno, otro turista más arriba y abajo de los 386 escalones. En realidad, yo conté 385, pero preferí quedarme con la cifra de 386 que contó mi amiga porque me sonaba más a microprocesador, ya saben ustedes, los más viejos: el que vino después del 286 y antes del 486. Parece una tontería, pero, para los más jóvenes, diré que nunca hubo un 586, sino que llegó el Pentium, que era otra forma, más principesca, del cinco.

Sube uno y lo primero que se encuentra es la tienda, que no está ni bien ni mal, sino que es una tienda, y hay que apostar. Las tiendas suelen estar al final, cuando ya te ha dado el subidón y, en pleno éxtasis, te lo quieres llevar todo. Esta tienda está al principio, nada más subir unas pocas escaleritas, y no sabes muy bien qué hacer. Yo, como lo tenía muy claro, pues me compré una flor de lis, que supongo que no os sorprende. Hay pines en purpurina plata y oro para los devotos del lirio, como servidora.

Luego… sorprende. Aparte de que sorprende la altura, sorprende que las gárgolas sean del XIX, de Violet-le-Duc, y que esto y lo otro… también. Sorprende el cambio de gusto o la ceguera ante la belleza. Notre-Dame no se conserva bien, sino que alguien la reinventó, como la Sainte-Chapelle, ese alguien con nombre un poco mariquita, Violet, y ese otro al que no termino de pillarle el punto: Fulcanelli.

Entre la detención templaria de 1307 y el “Notre-Dame de Paris” de Víctor Hugo, pasó más de medio milenio de observación crecientemente horrorizada del gótico, que les parecía a los elegantes tan abominable como inútiles eran las momias egipcias, que se quemaron a miles como combustibles para los trenes, aquellos humeantes trenes que dejaban una maquinal y dinámica estela de cuerpos y almas humanos.

Os dejo con esta foto de unas violettes (atención: juego de palabras) sobre fondo de torre de Montparnasse. Sed buenos.

 

 

 

Saludos Miércoles, Jun 25 2008 

Hola, bienvenidos a este espacio donde hablaremos de otra manera de mirar. Lo inauguramos con una foto del lugar que le da nombre: las montañas de Arcadia.